UNA NOVELA PARA ENTENDERNOS MEJOR EN CANADÁ

« Vivent les papilles libres!, vive le Québec ivre! »*, así termina uno de los fragmentos más emblemáticos de la novela de Alejandro Saravia, Rojo, amarillo y verde (Artifact/La Enana Blanca, 2003) que acaba de ser traducida y publicada en francés por la editorial Éditions Urubu de Montreal. Con esa frase, Saravia parodia el célebre discurso que el presidente francés Charles de Gaulle pronunció desde el balcón de la alcaldía de Montreal el 24 de julio de 1967 y por el cual fue fuertemente criticado, ya que suponían una clara injerencia en los asuntos internos de Canadá. En plena “Revolución tranquila”, estas palabras se convirtieron en una suerte de eslogan para el independentismo quebequense. No obstante, más de treinta años después, la cómica reapropiación que el autor de origen boliviano hace de esta anécdota nos recuerda que el mundo en el que vivimos ha cambiado y que el cambio es posiblemente la única constante de la Historia. Ese es quizá uno de los temas principales de la novela: ¿cómo entender las identidades en la era de la globalización, el mercado y la alta tecnología, sin olvidar a las víctimas de su avenimiento? De La Paz a Montreal, entre el sueño de un país llamado Quebec al de otro no menos imaginario llamado Kurdistán, Rouge, jaune et vert, título en francés de la novela, es la historia de dos amantes que se debaten entre vivir su amor en el presente o continuar las luchas heredadas del pasado para forjar un futuro cada vez más incierto. Sin embargo, lejos de ser un melodrama lacrimógeno, este texto es más una tragicomedia en la que cabe de todo: personajes venidos de los cuatro rincones del planeta, malentendidos típicos de una gran urbe multilingüe, diálogos caninos, hermosos pasajes poéticos y sagaces críticas al autoritarismo en todas sus manifestaciones. Con este primer libro de su colección de narrativa, Éditions Urubu reafirma su apuesta por la literatura latino-canadiense y sienta las bases para su proyecto de acercarla a los lectores de habla francesa en todo Canadá. Así mismo, sus co-fundadores, Caroline Hugny y Luis Henríquez, esperan contribuir a que los neo-canadienses de habla hispana puedan aprovechar al máximo el privilegio de vivir en una sociedad bilingüe y multicultural, desmontando así el rancio paradigma de “las dos soledades”. “Vivan los paladares libres, viva el Quebec ebrio”, en francés en el original.

 

“Vivent les papilles libres!, Live the Québec ivre!” This sentence is one of the most emblematic fragments of Alejandro Saravia’s novel, Rojo, Amarillo y Verde (Artifact / La Enana Blanca, 2003) that has just been translated and published in French by the publisher Éditions Urubu de Montréal. With that phrase, Saravia parodies the famous speech that French president Charles de Gaulle gave from the balcony of the mayoralty of Montreal on July 24, 1967, and for which he was strongly criticized, since they supposed a clear interference in the internal affairs of Canada. In full “Quiet Revolution”, these words became a sort of slogan for the independence movement in Québec. However, more than thirty years later, the comic reappropriation that the author of Bolivian origin makes of this anecdote reminds us that the world in which we live has changed and that change is possibly the only constant in history. That is perhaps one of the main themes of the novel: how to understand identities in the era of globalization, the market and high technology, without forgetting the victims of their agreement? From La Paz to Montreal, between the dreams of a country called Quebec and another not less imaginary called Kurdistan, Rouge, Jaune et Vert, the French title of the novel, is the story of two lovers who struggle between living their love in the present or continuing the struggles inherited from the past to forge an increasingly uncertain future. However, far from being a tear-jerking melodrama, this text is more of a tragicomedy in which it everything fits: characters from the four corners of the planet, misunderstandings typical of a large multilingual city, canine dialogues, beautiful poetic passages and astute critics of the authoritarianism in all its manifestations. With this first book in his narrative collection, Éditions Urubu reaffirms its commitment to Latin-Canadian literature and lays the foundation for his project to bring it closer to French-speaking readers throughout Canada. Likewise, its co-founders, Caroline Hugny and Luis Henríquez, hope to help Spanish-speaking neo-Canadians make the most of the privilege of living in a bilingual and multicultural society, thus dismantling the stale paradigm of “the two loneliness.” “Live the free palates, live the drunk Quebec,”in French in the original.

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