El otro lado del amor

Por: Sebastian Mena.

Se despertó con un dolor familiar en su pecho. Buscó la luz de la mañana, pero vio sólo la luz fluorescente de su despertador, pulsando, riéndose de él, sólo eran las 3:41 am. No había dormido durante la noche. No había dormido durante la noche en semanas. Le suplicó tranquilamente a su cuerpo: “duerme, por favor, duerme”. Sólo estaba allí, en el reino de sus sueños, con la realidad apagada, donde el dolor cedió. Habían pasado tres semanas desde que empezó el ciclo de negociaciones con su insomnio. Un argumento que estaba destinado a no ir a ninguna parte. Por último, el peso en su pecho, demasiado pesado, el hueco en su garganta, demasiado alojado, y la inquietud de sus pensamientos, demasiado densa. Él se levantó. No para empezar el día sino para romper el ciclo de las palabras que lo llevaron a este lugar. Las palabras que habían roto su mundo: “Ya no te amo”.

Se levantó para fumar un cigarrillo. No era un fumador, excepto fumar era la única cosa que entumió el latido vacío donde su corazón vivió una vez. Nubes de cáncer y nicotina, un breve alivio del dolor. Aunque sólo sea por un momento. Él salió. Hacía calor pero había un brillo en el aire. Era septiembre. El verano terminaba. Pensó que la temporada más feliz estaba en camino. Se felicitó por el cambio de temporada. La temporada que ve morir a toda la vida que floreció sólo meses antes, al igual que su relación terminada. Las cosas volverían a la vida en primavera, pensó: ¿Volvería a la vida? Recordó a su ex, cuando se enamoraron por primera vez. Un sitio móvil de citas los había reunido, el sexo los había unido. Pensó en los intensos ojos de sus ex amantes, en sus perfectos besos. Aquella vez en Miami, el calor ineludible, nada más que sudar y devorarse el uno al otro; animales enjaulados salvajes con un hambre insaciable de lujuria. La memoria le clavó fragmentos de cristal en su corazón. Entonces, “No te amo más” le dio una bofetada en la cara. Sacudió la cabeza para soltar el pensamiento: “Ya no te amo”, las palabras picaban como hordas de medusas burlándose de él en un mar tranquilo. “No te amo más” azotado a su espalda, azotando una y otra vez sin piedad. “No te amo más”, finalmente se estrelló contra él, lo empujó al suelo, golpeó el viento fuera de él, se agarró a su cuello, lo atrapó por la garganta y comenzó a acortar su agarre. Atrapado y agotado se rindió. Se entregó al dolor. Entregó las palabras, el rechazo, la realidad y dejó escapar un débil grito: “¿Por qué no me amas más?”.

Roto, miró al cielo. Se fijó en las lunas de la suave mirada de su piel de olivo. Notó que la luna lo miraba con ojos curiosos. Se sentía avergonzado de estar en tanto dolor, pero no podía evitarlo. Simplemente no podía evitarlo. La luna lo tranquilizó con su luz. Se disculpó con ella por estar tan triste, tan roto. “Sólo quiero dormir”, dijo disculpándose. “Sólo necesito este día para pasar”. Ambos sabían que el tiempo era la única cura. Deseaba el futuro, el día en que el dolor se hubiera ido y él volvería a ser el mismo. Él tendría que vivir con esto, él lo sabía. Esta era su fortuna, su destino. No como la relación. Y en presencia de la luna, acunada en los brazos de su luz, se dejó desmoronar. Sabiendo que ella estaría allí todas las noches, inquebrantable, hasta que ambos pudieran reconocerlo de nuevo.

 

English

He woke up to a familiar gnawing pain in his chest.  He looked for the light of the morning but saw only the flashing fluorescent light of his alarm clock, pulsing, laughing at him. It was only 3:41 am.  He hadn’t slept through the night. He hadn’t slept through the night in weeks. He begged his body quietly, sleep, please sleep. It was only there, in the realm of his dreams, with reality shut off, where the pain subsided. It had been three weeks since the cycle of negotiations with his insomnia had started. An argument that was destined to go nowhere.  Finally, with the weight in his chest, too heavy, the pit in his throat, too lodged, and the restless anxiety of his thoughts, too dense, he got up. Not to start his day but to break the spinning wheel, repeating the words that got him to this place. The words that had broken his World, I don’t love you anymore.

He got up to smoke a cigarette. He wasn’t a smoker, except smoking was the only thing that numbed the dull empty throb where his heart once lived. Clouds of cancer and nicotine a brief relief from the pain, even if only for a moment. He stepped outside. It was warm but there was a brightness to the air. It was September. Summer was ending. Fitting he thought, that the happiest season was on its way out. He welcomed the change of season. The season that sees the death to all the life that bloomed only months prior. Just like his ended relationship.   Things would come back to life in spring, he thought.  Would he come back to life, he pondered?  He reminisced on his ex, when they first fell in love. A mobile dating site had brought them together. Sex had brought them together. He thought about his ex-lovers’ intense eyes, his perfect kisses. That time in Miami, the heat inescapable, nothing to do but sweat and devour each other like wild caged animals with an insatiable hunger for lust. The memory dug shards of glass deep into his heart.  Then, I don’t love you anymore slapped him in the face. He shook his head to loosen the thought.  I don’t love you anymore,  the words stung like hordes of jellyfish mocking him in a calm sea. I don’t love you anymore whipped at his back, lashing over and over unmercifully.  I don’t love you anymore finally slammed up against him, pushed him to ground, knocked the wind out of him, latched onto his neck, pinned him by the throat and began to shorten its grip. Trapped and exhausted he surrendered. He gave into the pain. He gave into the words, the rejection, the reality and let out a faint cry, “Why don’t you love me anymore?”

Broken, he looked up at the sky.  He noticed the moon’s soft gaze on his olive skin.  He sensed the moon staring at him with curious eyes. He felt ashamed to be in so much pain, but he couldn’t help it. He just couldn’t help it. The moon steadily, quietly warmed him with her light. He apologized to her for being so sad, so broken.  “I just want to sleep,” he said apologetically. “I just need this day to pass.”  Both of them knowing that time was the only cure.  He wished for the future, for the day when the pain would be gone and he would be himself again. He would have to live through this, he knew. This was his fate, his destiny, just like the relationship wasn’t.  And in the presence of the moon, cradled in the arms of her light, he allowed himself to crumble. Knowing that she would be there every night, unwavering, until they both could recognize him again.

Input your search keywords and press Enter.