El monumento en memoria al Holocausto en Ottawa, un lugar digno para visitar

Por: Martha Bátiz

Español

El pasado 28 de septiembre, el Primer Ministro Justin Trudeau inauguró en la capital de Canadá el monumento en memoria al Holocausto, que se ubica frente al Museo de la Guerra en el corazón de la ciudad. Ottawa es la única capital aliada sin un monumento que conmemorase este terrible episodio de la historia occidental, por lo que en mayo de 2014 se les encomendó al arquitecto Daniel Libeskind y al fotógrafo Edward Burtynsky, así como a la historiadora de la Universidad de Toronto, Doris Bergen, que trabajaran en conjunto en este proyecto, el cual ellos titularon “Paisaje de pérdida, memoria y supervivencia”. Consta de seis estructuras triangulares de concreto que crean una alargada Estrella de David, y sobre los muros, en tonos grises, monocromáticos, están pintadas en enormes dimensiones las imágenes provenientes de las fotografías que Burtynsky tomó en sitios emblemáticos del Holocausto.

El Holocausto tuvo como objetivo el asesinato sistemático de la población judía en Europa, pero también fueron asesinados miles de polacos, romaníes, homosexuales y personas con discapacidades físicas y mentales. Canadá no permitió la entrada de refugiados judíos durante aquellos años, condenando a miles de personas a morir. Esta política discriminatoria se reconoce como un error en las placas que ocupan una de las paredes principales del monumento, en las cuales el gobierno canadiense aboga por la inclusión, la compasión y la solidaridad. Algo que causó escándalo a nivel internacional fue que la placa que reconoce a los grupos perseguidos y erradicados casi en su totalidad por los Nazis, no se mencionaba a los judíos en particular. Este error fue inmediatamente corregido y la placa ahora reconoce con justicia que, si bien muchas personas de otros grupos étnicos y religiosos perdieron la vida, el Holocausto fue, principalmente, una tragedia que afectó de forma directa a la población judía.

La visita a este monumento es muy emotiva. Uno entra por un camino que va en bajada y de inmediato queda por completo rodeado por los enormes muros grises. Casi no se alcanza a ver el cielo. Las fotografías de los sitios en que los Nazis asesinaron a millones de personas son abrumadoras, por inmensas y significativas. Pero al final del paseo uno puede subir unas escaleras que llevan a un balcón desde el cual se respira un aire menos opresivo. Esta es una representación física del paso de la opresión a la libertad y la esperanza.

En estos tiempos de inestabilidad política, de zozobra y de agresiones raciales, en que el Nazismo ha resurgido a la vuelta de la esquina, nada menos que en los Estados Unidos, un monumento como este cobra una enorme relevancia. Nunca como ahora ha sido tan importante recordar el pasado y tenerlo presente para no repetir los mismos errores y horrores. Vale la pena viajar a la ciudad de Ottawa a ver este monumento. No es lo mismo leer sobre el Holocausto que mirar sus estragos con el cuerpo, que es lo que esta estructura, con sus altos muros y sus imágenes sobrecogedoras, busca lograr.  Un sitio para guardar silencio, honrar a millones de víctimas inocentes y reflexionar, especialmente en el mes de noviembre, cuando les rendimos honores en Canadá a los veteranos de guerra, cuyo sacrificio nos permite disfrutar de estas frágiles paz y libertad que no debemos dar nunca por sentadas.

English

On Sept. 28th, Prime Minister Justin Trudeau inaugurated Canada’s Holocaust Memorial, which stands just across the War Museum in Ottawa. Ours was the only Allied capital that didn’t have a monument to honour the victims of the Holocaust, thus, in 2014, architect Daniel Libeskind, photographer Edward Burtynsky, and University of Toronto’s historian Doris Bergen were given the task to bring to life their project, titled “Landscape of Loss, Memory, and Survival.” The construction features six triangular structures made of concrete, which together form an elongated Star of David. On the walls, all in monochromatic tones of grey, the paintings reproducing Burtynsky’s pictures of emblematic Holocaust sites haunt the visitor, and contribute to the visceral effect the entire place is designed to produce.

The Holocaust’s objective was the total annihilation of Europe’s Jews, but thousands of Polish citizens, Roma, homosexuals, and people with physical and mental disabilities were also murdered. Canada didn’t accept any Jewish refugees back then, a policy which condemned thousands of innocent people to certain death. Canada acknowledges, in the series of plaques dedicated to briefly explain the Holocaust to the site’s visitors, the huge historical mistake this was, and very clearly states its current policies of inclusion, compassion, and solidarity. A couple of days after the inauguration, however, one of these plaques caused an international scandal because it failed to specify that, while thousands of different people were killed, the Holocaust is a tragedy that affected, first and foremost, the Jewish population. Fortunately, the error has since been fixed.

Visiting the Holocaust Memorial is very moving. As you walk down the path to the entrance, you immediately feel the oppression of the high, grey walls. You can barely see the sky. The photos featured on the walls are overwhelmingly powerful, each one of them full of meaning. At the end of the visit, however, you can walk up a set of stairs and access an open balcony with a beautiful view of the open space around you. The air turns lighter there, as you understand that the two physical spaces have been designed to represent the crossing from oppression to freedom and hope.  It’s impossible not to feel it with your entire body.

 

In the current times of political instability, fear, and racial aggressions, when Nazis are gathering up in our backyard, the United States, threatening us with their closeness, it becomes more relevant than ever to remember the past, learn from its lessons, and make a point of not repeating its huge, irreparable mistakes. It is worth it to travel to Ottawa to visit Canada’s new monument. It is a place where you can gather your thoughts in silence, honour millions of innocent victims, and reflect about what is going on in the world, and how it’s now our turn to stop it, or change it. This becomes an especially poignant duty and opportunity in November, when we honour the sacrifices made by our war veterans so we can enjoy today’s peace and freedom, fragile and precious gifts we must never take for granted.

 

 

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