Día de Muertos

Por: Paulina Santillan

México, lleno de tradiciones y elementos que lo enmarcan como uno de los países más ricos en cuanto a cultura y tradiciones en el mundo, puede jactarse de tener una de las celebraciones más impresionantes y bellas que en la actualidad se siguen preservando y que la UNESCO nombró como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”, ésa que mueve a miles de visitantes extranjeros al país solo para vivirla de cerca y que involucra elementos no solamente gastronómicos, literarios, y artísticos, sino que es realmente una celebración que envuelve al país completo en un aire de misticismo y que se vive en todas las esferas del país, desde las zonas más populares, hasta las grandes urbes y las esferas de poder, pues precisamente todas coinciden en algo, todas comparten la celebración del mismo destino: la muerte.

Desde la época prehispánica los indígenas rendían culto a la muerte, ya que esta no era concebida como el final de la vida, ni mucho menos algo por lo que se debía de sufrir, sino que era asumida como parte del camino, como una parte más del ciclo natural de vida, un paso más que permitía trascender y liberar el espíritu del cuerpo. Al llegar la época de la conquista este culto se fusiono con los elementos de la religión católica que desde España fueron llevados al país y así nació lo que hoy se conoce como el “Día de Muertos”, ó “Día de todos los Santos”, y que se celebra cada 1 y 2 de Noviembre, fecha en la que se cree, las almas de los muertos regresan a casa para visitar a sus seres queridos.

A través de una serie de elementos es como se rinde este culto a la muerte, uno de los más importantes son los famosos altares, los cuales son la puerta de entrada a este plano , las calaveritas de azúcar que nos recuerdan que lo único seguro es la muerte, el papel picado, las calaveritas literarias (versos a modo de epitafio burlesco) y el tradicional pan de muerto, el cual también tiene un significado: el círculo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo y por los costados se representan los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos.

Day of the Dead

Mexico is full of traditions and one of the richest countries in the world because of its cultural contributions—one of its most celebrated being the Day of the Dead.  This festivity has been named by UNESCO as an Intangible Cultural Heritage of Humanity. This celebration attracts thousands of visitors to the country who want to experience the Day of the Dead first hand. It includes various cultural expressions such as gastronomy and literature. This holiday also gives Mexico a mystic environment that is felt in all the corners of the country and at all levels, from the most popular sectors to the large cities. This celebration makes everyone come to terms with their own destiny: death.

Since the pre-Hispanic time, indigenous people in Mexico worshipped death as it was not seen as the end of life, nor as something one should be afraid of. Death was instead perceived as part of one’s path, a stage of the life cycle, a step that would allow us to transcend and free the spirit from its body.  When Spaniards arrived, this cult was mixed with elements of Catholicism, which gave birth to the celebration of the Day of the Dead or Day of All Saints as is known today. It is celebrated each November 1st and 2nd when it is believed the spirits of all dead come back home to pay a visit to their relatives.

This celebration includes a series of elements, among the most common are: the famous altars -which are the entrance, the “calaveritas” or skulls – made of sugar that remind us that the only certain thing we have in life is death, “papel picado”(artisan coloured cut paper), the literary “calaveritas” – verses that resemble a farcical epitaph, and the traditional bread or “pan de muerto” – the shape of this sweet bread symbolizes the head and bones of the death, and the taste of blossom represents the memory of those who are gone.

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