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Tu rostro habla lo que tu boca calla
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Todos los días, a cada momento, las situaciones que vivimos (buenas y malas) nos generan una serie de emociones que nos permitimos sentir, incluso, algunas veces las escondemos o creemos esconderlas.

Una emoción es la respuesta de nuestro cuerpo a un estímulo. De manera general, existen siete emociones (enojo, desprecio, disgusto, miedo, alegría, tristeza y sorpresa). Sin embargo, un estudio reciente logró identificar 27 categorías distintas de emociones, todas interconectadas. Oh, sí, 27 posibles respuestas a las que, en ocasiones, no sabemos controlar.

Pero también, debemos tener en cuenta que las emociones no son buenas ni malas, lo que sí puede ser malo es justo el manejo que les damos.

Sentir las emociones es normal para todos los seres humanos que habitamos en el planeta, incluso para algunos animales, por lo que no debería ser un gran reto poderlas compartir o expresarlas. Aunque, para la mayoría de nosotros, este es un tema complejo: comenzamos a “callarlas” y mejor es si podemos evitar hablar sobre ello, pero nuestra cara (que es parte de nuestro lenguaje corporal) se encarga de enviar el mensaje al exterior y, este mensaje puede ser instantáneo. Con el tiempo, estas emociones se acumulan y llega el momento en el que no las podemos esconder. Te explico a continuación cómo funciona esto.

Nuestro cuerpo reacciona casi de manera inconsciente a los estímulos, por eso, mucho antes de que te des cuenta, tu cara ya está expresando la emoción que se está generando, con movimientos que duran solo unos segundos y que “al darnos cuenta” los dejamos continuar o los “escondemos”, pero de alguna u otra manera, los expresamos.

Con el paso del tiempo (y no mucho) vamos trabajando con nuestras emociones y es ahí cuando, aunque tratemos de callarlas, nuestro rostro comienza a hablar por nosotros. Nuestros rasgos cambian y la gente nos empieza a notar tristes o enojados, alegres o satisfechos.

Estas modificaciones en nuestra cara pueden ser instantáneas o no. Si algo nos enoja, podemos expresar enojo, lo trabajamos, lo superamos y listo, no queda rastro. Pero cuando no lo trabajamos, se queda incrustado en nosotros y vamos acumulando más y más y, entonces, sin estar enojados, la gente nos comienza a preguntar si estamos enojados. Y en ese momento a lo mejor no, pero esos rasgos son el cúmulo de emociones contenidas que nuestro rostro comunica, pero también pueden ser expresadas a través de enfermedades.

Aprendamos a identificar y a conocer nuestro cuerpo, trabajemos en nuestras emociones y hablemos. Aprendamos a leer los mensajes en los rostros de quienes amamos, trabajemos en no juzgar y abracemos.

De todos modos, tu rostro habla. Por eso, habla tú primero, cuida tu imagen y lo más importante, tu salud.

Nos leemos pronto.

 

POR PAULINA GONZÁLEZ 
gonzalezalvarezpaulina@gmail.com




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