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Sabor, The Latin Flavour Guide – ¿Estás listo para una cacería de sabores?
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Sabor, The Latin Flavour Guide – ¿Estás listo para una cacería de sabores?

 

By | Por Priscila Montero

Photos | Fotos Priscila Montero

 

Are you ready for a flavour hunt?

 

As it has become our tradition, those areas of the city we have avoided because they were dangerous (or at least famous for) or because there is “nothing to see”, continue transforming themselves to become the best places to try something new. And yes, everything is risky there, even flavours.

In an antique house located on Dundas West and Lansdowne, you will find Branca restaurant. Branca gives visitors a twist to classic Argentinean flavour without losing what characterizes it: simple preparations of different grilled steaks, which are transformed into something delicious with condiments. The restaurant is managed by chefs Kanida Chey & James Bateman.

As crazy as it might seem, neither chef is Argentinean, but they are enthusiasts of the food from this country.

Federico, our waiter/host/guide is Argentinean-born and explained that the menu is a fusion between the food from his country with different elements from other Latin American countries. Contrary to what one could expect, it does not sacrifice its authenticity, it highlights it.

After having a hard time deciding what to order from their beverage & cocktail section we chose the Raspberry Caipirinhas ($12) and the delicious Argentinean Malbec ($13).

Without waiting too long after ordering, a small container of overflowing warm provoleta with tomatoes and peppers ($8) came with slices of bread. Also we received a complimentary (Who doesn’t like something on the house?) basket with a couple of warm chipás (small cheese balls made with cassava flour and butter, a Paraguayan dish), ready to melt in your mouth.

As the food kept coming and coming, so did our drinks. We continued with a Pisco sour (Peruvian drink with lime juice, egg yolk and aromatic bitters, $12) and more Argentinean wine.

These dishes are not only delicious, they are also presented beautifully. Prepared on a bed of wood, the Entraña (Entails) ($19) and the Asado de Tira (Roast, $26) are seasoned deliciously, perfect and tender and all in small portions so we didn’t need to make several cuts.

Branca is not your common restaurant, it has a permanent grill, were every morning they burn logs of wood—this helps to give their food that amazing and special flavour.

The sides were also enjoyable ($6 ea.). There were caramelized endives, roasted cremini, crispy potato strings and smoked collards. And to highlight the flavour of the meat we must not forget the delicate condiments ($1 ea.) such as chimichurri, poblano romesco and roasted garlic. Yes, everything comes separate.

The end of the night could not have been more spectacular, we had traditional pancakes filled with caramel ($7) and a flan covered in honey and raspberries ($7). I am afraid to say this is only the first of of our many trips to Branca.

The service at Branca makes you feel as if you were at a friend’s house and the prices are deliciously worth it. The restaurant is comfortable, with minimalistic details which make it an elegant and relaxed atmosphere— but chic which definitively make it perfect for special occasions.

Simply simple and delicious, Branca is a proof that flavour and elegance bloom everywhere. Even if the raspberry caipirinha they make is not best and the sides and condiments are sold separately, nothing can subtract points to this experience.

 

Recommendation: Bring your animal instincts.

 

¿Estás listo para una cacería de sabores?

 

Como se ha ido convirtiendo en costumbre, los puntos de la ciudad que en el pasado solíamos evitar porque son peligrosos (o al menos tienen esa fama) o porque en ellos no hay ¨nada que ver¨, siguen transformándose en los nuevos sitios que albergan los mejores lugares para probar todo lo nuevo. Y sí, todo es riesgoso ahí, hasta los sabores.

En una antigua casa ubicada en la esquina de Dundas West y Lansdowne se encuentra el restaurante Branca, en donde le dan un twist al clásico sabor argentino pero sin perder lo que lo caracteriza: preparaciones sencillas de diversos cortes de carne a la parrilla, que con unos pocos condimentos lo transforman todo en algo suculento. Dirigido por el chef Kanida Chey y James Bateman, este lugar está haciendo deseable visitar esa intersección.

Por más increíble que parezca, ninguno de los dos principales responsables de este creciente interés es argentino, pero sí son unos entusiastas de la comida de ese país.

Federico, nuestro mesero/anfitrión/guía de la experiencia y argentino de nacimiento, nos explica que el menú es una fusión de la gastronomía de su país con distintos elementos de otras naciones latinoamericanas como guarniciones, que, contrario a lo que podría esperarse, para nada sacrifican lo auténtico sino que lo realzan.

Después de una difícil deliberación entre una selección de bebidas y cocteles bastante decente, hacen su arribo las caipirinhas de frambuesa ($12) y una copa de delicioso malbec argentino ($13).

Sin que pase mucho tiempo después de ordenar, llega a la mesa un pequeño recipiente rebosante de warm provoleta con tomates confitados y pimentón ($8), acompañado con unas rebanadas de pan. También, y como cortesía de la casa (¿a quién no va a gustarle algo que es cortesía de la casa?), hace su aparición una canasta con un par de chipás calientitas (bolitas rellenas de queso y hechas de harina de mandioca y manteca, algo muy paraguayo), más que listas para derretir a quien las pruebe

Y como la comida seguía llegando y llegando, las bebidas tenían que hacer lo suyo también. Un pisco sour (bebida peruana con jugo de limón, clara de huevo y aromatic bitters, $12) y más vino argentino, por supuesto, dejan todo listo para que empiece la masacre. Ahora sí, alista los colmillos.

Lo exquisito de los platillos viene desde la presentación: recostados sobre una cama de madera, la Entraña ($19) y el Asado de tira ($26) están sazonados de manera deliciosa, perfecta, suave. Y, como gran acierto, todo en cortes pequeños para no estar luchando con la carne de manera innecesaria.

Pero Branca no es un restaurante cualquiera, ya que en lo que solía ser el cobertizo de la casa ahora hay una parrilla de manera permanente; en donde cada mañana arde la leña que le da ese sabor tan particular a cada bocado.

Un poco de frescura en el menú la ponen los acompañamientos ($6 c/u), en donde podemos encontrar caramelized endives, roasted cremini, crispy potato strings y smoked collards. Y para acentuar aún más el sabor de la carne, no deben faltar los delicados condimentos ($1 c/u ) como chimichurri, poblano romesco y roasted garlic. Sí, todo viene por separado.

El cierre de la noche no podía ser menos espectacular, así que unos tradicionales panqueques rellenos de dulce de leche ($7) y un flan cubierto con enjambre y frambuesas ($7) le dieron el broche de oro a lo que, me atrevo a asegurar, será sólo la primera visita de muchas.

El servicio en Branca es amigable, algo así como estar en casa de un amigo que se acerca en el momento exacto para ofrecer vino o para explicar absolutamente todo lo que no se sabe a simple vista. Los precios no son algo para gastar cada día, pero sin lugar a dudas vale cada dólar que se paga. El lugar es cómodo, con un minimalismo en los detalles que lo vuelven elegante y con una atmósfera relajada pero chic que definitivamente lo hacen el sitio perfecto para ocasiones especiales.

Simplemente sencillo y delicioso, Branca es prueba fehaciente de que el sabor y la elegancia florecen en cualquier lado. Incluso cuando la caipirinha de frambuesa que sirven no es la mejor que vas a poder encontrar y los acompañamientos y condimentos de los platillos principales se venden por separado, nada le resta puntos a tan interesante experiencia.

 

Recomendación: No olvides llevar tu instinto animal.




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