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¿Qué le digo?
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Estuve revisando las fotografías que dejaste. Te llevaste aquellas donde salías bien y me diste el privilegio de mantener en casa las pocas donde yo salgo bien. Es irónico que te llevaras casi todas, en ellas hubo retoque, supongo es porque sabías desde un principio que tu “Eterno” se resumiría en un cuento de sólo 10 páginas, cuando mis imágenes están sin editar y se mantienen al natural por la tonta creencia de suponer que tu “Por siempre” duraría un poco más.

Estoy mal y no es por hecho de tu partida, miles de parejas se dejan al día, cientos de ellas terminan luchando cuando otras tiran la toalla por amor propio, egoísmo o incluso por orgullo. Pero ese no fue mi caso, luché y luché hasta que desesperé.

Estoy mal y es porque no sé qué diré. ¿Qué le digo a la almohada que velo tantos sueños y fue cómplice de nuestro amor? Me acuesto y trato de hablar con ella pero no me responde, decidió que hablará y será contigo.

¿Qué les digo a todas las personas que les conté de ti, que te vendí como el hombre perfecto? Ahora no puedo confesarles que te has marchado, dejarías en ridículo a nuestro amor, un amor que al menos yo sentí, siento y sentiré. Recuerdo cada acción negativa que tuviste en mi contra y sonará raro, pero te quiero más y más.

Me enseñaste que la perfección no existe, a menos que los ojos miren de manera perfecta, a menos que el cerebro se compadezca del corazón y le dé permiso de amar. Tantas miradas que le hicimos al cielo, cielos azules y otros tantos de color gris, este último era tu favorito. Me comentaste que te parecía interesante, con carácter, que ver un día nublado te hacía recapacitar y valorar al amor. Me hubieras dicho que te gustaba tanto que dejarías mis días grises por tu partida.

Si te tuviera en frente, te diría tantas pero ese no es el problema. ¿Qué le digo a mi familia, a mis amigos, a tus amigos? Te fuiste pero no me respondiste las cuestiones de tu marcha, intuir no es lo mío y mentir no es el deporte que practico, tú eres campeón en eso pero yo no puedo.

Tantos amores que se juran eternidad y aquí estamos nosotros, jurándonos inmortalidad sin tener en cuenta que la vida es un parpadear.

Por último, me gustaría que respondieras una cosa. ¿Qué le digo a mi corazón? Siempre se alborota al escuchar la puerta de la habitación abrirse, siempre se ilusiona al recibir un mensaje, siempre llora al ver que no eres tú pero no logra entender que no volverás y si es así, regresa pronto.

 

Texto de Mario Antonio Revilla Garcia.

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