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No me llames loco
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No me llames loco

Es bastante conocido el término de “Trastorno afectivo estacional”, un tipo de depresión que aparece en invierno en países como Canadá debido a los largos periodos sin el tan necesario sol. Pero solo basta mirar alrededor nuestro, para darse cuenta que la depresión actualmente no es estacional y que está muy presente en países desarrollados como el nuestro. Una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas alrededor del mundo y miles de las cuales no encuentran un tratamiento u otra solución a sus problemas o extrema tristeza más que el suicidio.

En países como Holanda, la eutanasia o suicidio asistido han sido la última solución para casos más extremos, un lugar en donde bien morir es cotidiano. De hecho el número promedio de muertes por esta práctica a pacientes con enfermedades psiquiátricas supera los 50 cada año.

Lamentablemente, las personas afectadas por la depresión no tienen una herida abierta que podamos ver. No sangran, tampoco son diagnosticados con un tipo de cáncer del cual, todos quienes estemos alrededor, demos un dictamen. Si el caso fuera este, sin lugar a dudas seríamos un poco más comprensivos, empáticos y tendríamos mayor capacidad de dar apoyo emocional.

Las razones de la depresión pueden ser muchas, una pérdida importante, un trauma físico, sexual, el tener que lidiar con una enfermedad crónica o más complejo aún, arrastrar desde nuestra infancia aquella nube gris que nunca fue detectada por nuestros padres, hermanos o quizás nuestros educadores.

Aquellos que debían velar por nuestra integridad física y psicológica son muchas veces los causantes de este dolor interno indescriptible, constante y que sólo desaparece con píldoras, tratamientos alternativos o incluso con algún procedimiento intensivo como los suministrados en el Centro de Adicciones y Salud Mental (CAMH por sus siglas en inglés), un lugar en donde además de dar apoyo a las personas que viven en la comunidad con problemas de salud mental complejos o graves, se realiza una terapia a través de la estimulación cerebral.

En este centro se están impulsando los avances del tratamiento mediante el uso de la estimulación magnética transcraneal repetitiva, terapia de convulsiones magnéticas y terapia electroconvulsiva. Todos estos complejos nombres nos traen a la memoria películas de terror, reportajes o documentales en donde podía verse a personas prácticamente siendo electrocutadas hasta quedar en estado de zombie. Pero eso es lo más alejado que pueda existir de la realidad, estos nuevos procedimientos cuentan con una alto porcentaje de mejoría y son una gran esperanza para aquellas personas cuyo cerebro les dice constantemente que estén tristes, desesperanzados y con ganas de morir.

No estoy loco(a); sufro depresión, un estado en el cual un abrazo y palabras de aliento no son suficientes para mejorar. Ellos no están locos y es este tipo de concepto tan arraigado en nuestro vocabulario del día a día el cual tenemos que eliminar por completo, por respeto a ellos, quienes padecen esta abrumadora enfermedad.

MAURICIO MERINO

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