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MI GRAN FAMILIA LATINA
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MI GRAN FAMILIA LATINA

Por Sebastián Mena

Yo tengo una gran familia, una familia latina grande. Si ustedes vienen de una familia grande como la mía es probable que sepas que: – Una pequeña reunión se siente como una boda -Existen demasiados familiares como para conocerlos a todos – y finalmente como decía el rapero Biggie Smalls, más familia, más problemas. Bueno, esas no eran sus palabras exactas, pero como reinventar viejos dichos parece ser parte de la cultura latina así como hablar español me dejaré llevar por ello. Al ser una gran familia latina, siempre sobresalíamos. Éramos ruidosos, exagerados y dramáticos. El drama así como la procreación era natural en mi familia. No estoy seguro si era porque éramos demasiados o porque éramos latinos y el drama y escándalo siempre estaba presentes, lo que digo es que si uno se pone a ver números, cualquier matemático me daría la razón de que una gran cantidad de latinos unidos por sangre es la receta perfecta para tener un escándalo frecuente. En mi familia vivimos para el escándalo. Nos encanta cuando suceden cosas, ya que nos da material para chismear y si existe algo mejor que los escándalos es el chisme. Nadie está a salvo, nadie está fuera de los límites, y en un momento u otro todos en mi familia han sido parte del chisme caliente. Claro unos más que otros, pero esa es otra historia. Chismear o “compartir” como les gusta decir en mi familia, siento que es parte de mi ADN, tan natural como mi ritmo o mi habilidad de adornar o sobre exagerar las cosas. Yo aprendí desde muy pequeño al ver a mis tias y tios divulgar información sobre los demás, nada era sagrado. Un secreto, para nosotros, no era algo para guardar y no contar a alguien. Un secreto era algo que uno no podía contener y eras considerado el malo por no compartirlo. Existen las cosas que uno juraba a Dios no decirle a nadie “te lo juro por Dios Santo que nunca lo dire” y después íbamos a misa el domingo a pedirle perdón al todo poderoso por haberle dicho a todos. Esto es parte de lo que hacemos. Algunos pudieran decir que la inhabilidad de que mi familia guardase un secreto es una cualidad negativa, pero yo estoy en desacuerdo. De hecho, creo que es todo lo contrario, yo creo que es saludable. Creo, que nuestro acto de “compartir” es algo que nos une más como familia. Para mí, saber los trapos sucios de las personas que quiero incondicionalmente, se ha traducido en aceptar a esas personas con todas sus fallas e imperfecciones. Yo he aprendido que las personas son humanos y los humanos cometemos errores y mientras no hagan daño a alguien intencionalmente, entonces no podemos juzgar. Podemos hablar sobre ellos, pero no los juzgamos. Gracias a mi familia latina escandalosa y nuestras grandes bocas he aprendido a tener compasión, entender y ser empático como ser humano. Tal vez exista algo positivo en tener grandes bocas, tal vez entre más historias escuchamos sobre las imperfecciones, fallas y diferencias de las personas es que se van haciendo menos imperfectos y comenzamos a entenderlos en lugar de juzgar. Tal vez… Tal Vez… Tal vez. No estoy proponiendo la eliminación de secretos. Los secretos pueden ser emocionantes, divertidos e increíbles, pero estoy sugiriendo que seamos un poco más abiertos. Por que entre más abiertos y honestos seamos sobre nuestras imperfecciones, como mi gran familia latina, más bonitos, complejos e increíbles nos convertimos. Dedicado a mi familia y a todas las personas imperfectas del mundo

English

My big fat Latino family

I have a large family—a large Latino Family. If you come from a big family like mine, you would probably know that: -A small get together feels like a wedding, -There are too many members to ever know them all, -And finally, like Biggie Smalls used to say, mo family, mo problems. Well, those weren’t his exact words, but since reinventing old sayings seems to be as much a part of Latino culture as speaking Spanish, I’ll fly with it. As a big Latino family, needless to say, we stand out. We are loud, boisterous, we exaggerate and are dramatic. Drama, like procreation, comes naturally to my family. I’m not sure if it is because there are so many of us, or because so many of us are Latino that drama and scandal is never far from home. I mean, if you purely look at it from a numbers standpoint, any mathematician would concur, that a large quantity of Latinos, all tied together by blood, is the perfect recipe for scandal and in my family we live for it. We love when shit goes down because it gives us material to gossip about. And if there is something we love more than scandal, it’s to gossip about it. No one is spared, no one is off limits, and at one point or another everyone in my family has been on the families HOT TOPICS table. Of course some frequent the table more than others, but that is another story. Gossiping, or “Sharing” as my family likes to call it, feels as ingrained in my DNA as, my natural rhythm, or my ability to embellish and over exaggerate. I learned, from very young, watching my aunts and uncles divulge information about one another, that nothing was sacred. A secret, to us, wasn’t something you held to yourself and never told. A secret was something you couldn’t contain and were considered cheap if you didn’t share it. They were the things you swore on God to never tell “te lo juro por Dios Santo que nunca lo dire” then went to church on Sundays to ask the almighty for forgiveness for telling everyone. It is just how we do. Some may say that my family’s inability to keep secrets is a negative quality, but I disagree. In fact, I think the opposite, I think it’s healthy. I think, our act of “sharing” is the thing that brings us closer together and unites us as family. To me, knowing the dirt on the people I love unconditionally has translated into me accepting people’s flaws and imperfections. I have learned that people are human and humans make mistakes, and as long as they aren’t hurting anyone intentionally, then we can’t judge. We can talk about them, but not judge them. Maybe it’s thanks to my scandalous Latino family and our slippery tongues, that I have learned to be a more compassionate, understanding and empathic human being. Maybe there is something to being loose in the mouth. Maybe if people didn’t feel the need to hide things, then maybe there would be no reason for secrets. Maybe the more stories we hear about flaws, shortcomings, differences and imperfections, the less imperfect they become and the more our perspective shifts to understanding. Maybe… Maybe…. Maybe. I’m not proposing the elimination of secrets. Secrets can be an exciting, wonderful and playful thing, but I am suggesting that we all be more open. Because the more open and honest we can be about our imperfections, like my big Latino family, the more beautiful, complex and wonderful they become. Dedicated to my family and all the other perfectly imperfect people of the world.




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