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La inmigración y las relaciones familiares
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Los inmigrantes venimos de una cultura y de pronto, nos encontramos tratando de transaccionar entre una, dos o más culturas. Esto es particularmente cierto para las relaciones intergeneracionales entre miembros de nuestras familias.

Cuando llegamos a este país, comenzamos una negociación de por vida entre nuestra cultura de origen y la cultura canadiense. Con gusto hablamos inglés o francés, pero extrañamos nuestro lengua natal y mucho más la comida. Nos convertimos en híbridos culturales, operando bajo expectativas de nuestra cultura de origen, o ajustando nuestros comportamientos a la nueva cultura. Para cada generación de la familia, la experiencia es muy diferente.

Por ejemplo, los niños tienden a tener una perspectiva mucho más “canadiense” que los miembros mayores de la familia, que crecieron en otro país. Habiendo crecido en el extranjero, no pueden compartir con las generaciones nacidas en Canadá la misma conexión con la cultura, y enfrentan obstáculos distintos.

Esta diferencia de perspectiva afecta la crianza de los hijos o la relación entre los miembros de la familia aculturados a distintos niveles. No es raro que un padre nacido en América Latina, tenga una expectativa de obediencia total, y que sus instrucciones se sigan como órdenes. Esto a menudo causa conflicto, desconcierto y confusión a todos los involucrados.

Cuando los niños ven cómo los otros niños en Canadá se relacionan con sus padres, adoptan el modo de comportamiento de su cohorte y se comportan de una manera que nos puede sorprender. Los hijos sienten que sus padres tienen expectativas inusuales, y los padres se sienten completamente ignorados y desafiados por el comportamiento de sus hijos. Puede ser incluso peor para las generaciones mayores. Las generaciones mayores de la familia vienen a Canadá siguiendo a sus familias y sufren una doble sensación de pérdida. Dejan su experiencia de vida, y la forma particular de hacer las cosas. Están menos conectados por trabajo y actividades, y dependen de sus familias para tener un sentimiento de pertenencia.

Es casi inevitable que miembros de la familia se sientan aislados y deprimidos en algún momento del proceso. Esto se debe a que la inmigración implica un gran ajuste y una gran pérdida de la cultura nativa y conecciones. Donde había maestría, hay que empezar de nuevo. Otras pérdidas incluyen estatus social y ocupacional. Hacer el esfuerzo de conectarse, asistir a eventos y conocer personas de diferentes orígenes puede ser de gran beneficio para ampliar nuestras oportunidades.

Las mejores estrategias para hacer frente a los conflictos culturales intergeneracionales son adoptar una actitud relativista, escuchar atentamente para entender el punto de vista del otro, y dar prioridad a la relación antes que ganar la discusión.

 

ARIEL G BLAU
Psychotherapy + Mindfulness
www.arielblau.com




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