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Construyendo paz y comunidad a través del arte: Residencia de artes comunitarias en Colombia
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Durante diez días del pasado mes de octubre, doce artistas multidisciplinarios participamos en una residencia de arte comunitario e intercambio cultural en Quimbaya, Colombia, en el hermoso departamento del Quindío. La programación fue dirigida por Paola Gómez y Alex Usquiano, de la organización de artes comunitarias Muse Arts, con sede en Toronto, y fue un intercambio de 6 artistas de Toronto que viajamos para conocer a 6 artistas Colombianos.

Aunque todos somos multidisciplinarios en nuestros enfoques artísticos, somos unidos en nuestro interés por trabajar en temas de paz, educación, y el uso del arte como una práctica transformadora y de fortalecimiento comunitario.

Al asociarnos con Carteros de la Noche, una fundación cultural con sede en Quimbaya y creada por viejos amigos de Muse, Nini Ospina y Lagar Alfonso, nos sumergimos en la experiencia y organizamos talleres y actividades para involucrar a la comunidad de Quimbaya y sus alrededores. También, viajamos por toda el área, conociendo la vitalidad de esta región y aprendiendo sobre muchos proyectos activos de la comunidad que, tenían en el fondo, la misma idea de compartir a través del arte y la hermandad.

Nuestros días estuvieron ocupados desde el amanecer hasta el atardecer, pero no podrían haber sido más gratificantes. Pasamos de hacer talleres dentro de nuestro grupo de residentes por la mañana, a desarrollar actividades de arte en algunas de las escuelas de la zona, y luego a organizar talleres y eventos abiertos al público en el centro del pueblo. La energía era palpable y las fortalezas artísticas de la comunidad eran evidentes dondequiera que fuéramos.

El concepto de esta residencia como un intercambio cultural fue vital para el desarrollo del programa y para comprender nuestro lugar en Quimbaya. Al integrar nuestras diferentes experiencias vividas, modos de hacer arte y antecedentes en el campo, todos pudimos aportar algo diferente a la mesa, así como salir con nuevas perspectivas, entendimientos y técnicas de facilitación—entre muchas otras cosas—que el resto de los participantes trajeron para compartir entre nosotros. Fue una práctica de ampliar nuestro conocimiento: de aprender, y de desaprender. Cada persona que asistió a un evento, que facilitó un taller o ayudó a organizar la logística, a quienes conocimos durante nuestros días deambulando por la región bajo el ardiente sol de octubre, aportó su voz a nuestro creciente banco de inspiración. Rápidamente, formamos una comunidad propia diversa, amorosa y comprometida. Aquellos de nosotros que no éramos de Quimbaya nos sentimos bienvenidos e incluidos, y aquellos que viven o son de la región estaban emocionados de compartir un pedazito de su tierra, de su cultura, y sus corazones cálidos con nosotros. Esta experiencia nos vio crear vínculos con todos los que nos rodeaban, y nos dejó inspirados y esperanzados, ansiosos por la próxima oportunidad de trabajar juntos nuevamente.

 

Por Laura Rojas
community@musearts.ca

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