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Burnout: el maratón del desgaste
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En nuestra vida de inmigrantes, son muchos los obstáculos que enfrentamos. En nuestra puja por desenvolvernos positivamente, hacemos un gran esfuerzo para establecernos y triunfar en nuestro nuevo país. A veces, seguimos pujando en direcciones que, a largo plazo nos coartan la posibilidad de progresar. Uno de los enemigos del progreso, y de una vida larga y placentera, es lo que en inglés se llama “burn out”. Yo lo traduzco como sentirse “gastado” o “gastada.” Veo mucho de eso en mis pacientes que trabajan profesionalmente en el ámbito financiero y empresarial.

El burn out es una condición causada por el estrés constante, que puede terminar por derrumbándonos de a poco, sin que nos demos cuenta. Como inmigrantes, caer en este estado de burnout puede significar la diferencia entre el éxito en nuestro nuevo país a largo plazo, y el fracaso. Por eso, es muy buena idea evitar caer en el mismo. Pero ¿qué es el burnout? ¿Cómo sabemos si lo tenemos? ¿Porqué es tan destructivo?

El burnout es una condición causada por niveles de estrés continuo que resultan en síntomas parecidos a la depresión. Los efectos del estrés continuo son muy perniciosos, y la sabiduría de nuestros cuerpos, que nos avisa que lo tenemos, es digna de atención. Asimismo, el burnout resulta de procesos endocrinos que son la defensa del cuerpo ante el peligro.

El estrés continuo cambia el balance hormonal del cuerpo, resultando en niveles de cortisol elevados, que a su vez, resultan en el tipo de insomnio en que uno se levanta a las dos o tres de la mañana, o le cuesta dormirse.

Este estrés que contribuye al burnout, también tiende a afectar la digestión, resultando en ganancias de peso, hinchazón, y problemas glandulares. También, el burnout afecta al sistema inmunológico, bajando nuestra resistencia a las enfermedades.

La irritación constante de nuestro cuerpo resulta en inflamación. La inflamación causada por estas condiciones, cómo demuestra la investigación médica, está correlacionada con problemas sistémicos, como la psoriasis y el eczema, y la depresión. El estrés resulta en alta tensión arterial. Pero eso no es todo.

Aparte de los problemas físicos que impactan a nuestra salud mental, el burnout trae estados mentales problemáticos, pues es como un espectro, que cuando más cerca está, menos habilidad tenemos de escaparlo. Como esto tarda en manifestarse, cuando los síntomas se hacen obvios, es porque ya empezaron a afectarnos demasiado, y los primeros síntomas se manifiestan como irritación.

Para algunos, la irritación nos lleva tendenciosamente al aislamiento. En vez de compartir nuestras desgracias con otros, imaginamos que la carga de escucharnos sería mucho para ellos y dejamos de hablar con nuestros amigos y familiares. Ni siquiera pedimos consejos.

Lo que resulta de la estrategia de aislarse, que la gente normalmente usa para descansar de los vaivenes y recargar las baterías, es soledad y confusión. Aislados y abrumados por el estrés, gradualmente nos empezamos a sentir deprimidos.

Los síntomas psicológicos del “burnout” varían de persona a persona pero, en general, se presentan como un gradual cambio de nuestra capacidad de ver claramente lo que nos ocurre. Estos estados mentales consisten en la erosión de nuestro sentido de dirección en la vida, nuestra motivación, en dudar de lo que somos capaces, así como depresión, falta de energía y falta de esperanza de poder salir de nuestros problemas.

Uno se siente más cansado de lo normal, agotado. Se pierde el interés en las cosas y termina por no importarle nada. Nuestra productividad, por efecto del estrés, y la falta de motivación y de interés, se reduce. En consecuencia, nos sentimos menos efectivos.

La falta de resultados nos hace sentir mal y lo sentimos como un reflejo de lo que somos capaces. Con el burnout, nuestro sentido de empoderamiento y habilidad se reduce. Nuestro sentido del humor y nuestro bienestar mental también sufren. Nos ponemos gruñones. Incluso, a veces, imaginamos que tenemos la culpa de lo que nos pasa y no sabemos por qué.

Nuestra autoestima sufre sin razón porque estamos agobiados y desgastados por el estrés. El problema es que el árbol no nos deja ver el bosque. Y, aunque la gente que sufre de burnout no vea la solución a sus problemas, siempre hay una salida.

El agotamiento es indicación de que estamos en una situación mental incompatible con nuestras necesidades. No nos ayuda. Estamos deprimidos, sin energía, evitando hablar de nuestros problemas, y aislándonos. En realidad, los factores que nos estresan son lo que hay que corregir.

Es importante salir de la situación lo antes posible, antes de que nos habituemos a sufrir una situación que por cansancio no podríamos remediar. Hacerse el héroe o heroína cuando las cosas no están bien, es una solución poco productiva que nos perjudica.

Es muy común para los que están pasando por burnout, tener una crisis existencial. Se termina por perder el placer de lo que se hace, no porque no nos siga gustando, sino porque las condiciones están mal dadas para nuestro progreso. Nos cuestionamos todo: el trabajo, la carrera, la pareja, los niños, ¡todo!

Terminamos viendo todo negativamente, incluso, cuando antes de estar “burned out” tuviéramos un modo de ser optimista y positivo. Pero en vez de dudar de nosotros, debemos hacer lo posible para salir adelante y dejar la mala situación lo antes posible.

El próximo mes: qué hacer para protegerse del burnout.

 

POR ARIEL G. BLAU
Psychotherapy + Mindfulness
www.arielblau.com

 

 

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